Ecos de un pasado que no recuerdo

Entre las frías paredes de esta cueva y bajo la atenta mirada del cuélebre escucho una voz en el exterior, es una voz cálida, que envuelve mis sentidos y corta mi respiración.

Escucho en silencio, me alimento de todo lo que cuenta, respiro cada momento.

Cada uno de sus latidos remueve mi interior y poco a poco comienzo a recordar.

Primero solo veo niebla, una densa niebla que impide que vea más allá, pero con el paso de los minutos y el sonido de su voz, comienza a disiparse y muchos recuerdos e imágenes llenan mi cabeza y mi corazón de ayalga cautiva.

Recuerdo unas manos sobre las mías, unas manos duras  y  fuertes. Recuerdo la seguridad de estar entre ellas. La sensación de que nada malo podía ocurrirme.

Y unos ojos... unos ojos para perderse en su interior, que recogen todo el poder del agua del mar, toda la fuerza de las olas, y los recuerdo... los recuerdo como la última imagen antes de dormirme, símbolo de tranquilidad, mi símbolo de tranquilidad.

Recuerdo su voz, sus palabras, sus miedos, inquietudes, aspiraciones, recuerdo su risa cuando planeábamos como niños nuestros saltos desde las piedras del acantilado y buceábamos en busca de piedras de colores bajo las aguas dulces de algún río.

¿Pero de donde vienen estos recuerdos? , nacen en lo más profundo de mí ser, pero no soy consciente de haber vivido estos momentos.

Solo sé que recuerdo el cariño, el amor, la emoción de esperarle, y echo de menos lo que no se si algún día tuve, lo que no se si en algún momento viví.

"Momento de despertar" me dicen los ventolinos, mis queridos seres del aire  que entran en la cueva por las grietas, momento de despertar ayalga, los recuerdos son solo sueños en esta realidad, solo conllevan  dolor y tristeza, anhelos de algo que fue en otro momento, en otro tiempo, en otras vidas.

Tomo consciencia del lugar, toco el frio suelo sobre el que estoy sentada, la voz se ha ido y permanezco en silencio con el deseo infinito de volver a escucharla.

©Paloma García

Paloma García Díaz

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