VÖLUSPÁ (MITOLOGÍA NÓRDICA)

Völuspá La vidente ( La Profecía de la Vidente ) a través de este nombre conocemos una de las obras más importantes de la Edda Poética. 

Desde los inicios del mundo hasta su destrucción, narradas por una völva o bruja y dirigida al dios de dioses, Odín. 

Una invocación a Odín arranca la misma, a lo largo de su narración muestra la fuente del conocimiento y de la omnisciencia y los secretos de los dioses de Asgard. Acontecimientos presentes y futuros, siempre aludiendo a los mítos nórdicos como por ejemplo Loki y su encadenamiento. La völva también habla del Raganarök, tema que tocaremos más adelante en este blog.

El poema se conserva íntegro en dos textos islandeses,  las ediciones posteriores se basan en estas dos fuentes y complementan el material que las mismas aportan.

Ahora disfrutemos de algo que resonará en nuestro interior como todo lo que viene de un tiempo en el que los dioses caminaban entre los humanos.


VÖLUSPÁ
(La profecía de la vidente)

¡Oíd! pido a todas  las estirpes divinas
grandes y pequeños hijos de Heimdall
me pides, OH Valfödr, que te refiera
las más viejas historias que puedo recordar.
Recuerdo a los trolls,  los primeros nacidos,
que en tiempo lejano  me dieron vida;
nueve mundos recuerdo  y nueve ramas,
y el gran árbol del mundo, aún bajo tierra.

Fue en los tiempos primeros cuando Ymir vivió;
no había arena ni mar,   ni las frías olas,
tierra no había,  ni el alto cielo,
sólo el vacío abismo,  tampoco había hierba.
Mas los hijos de Bur formaron la tierra,
aquellos que crearon  el famoso Midgard;
brilló el sol desde el sur sobre el palacio,
y surgió en la tierra la verde hierba.

Desde el sur lanzó el sol,  compañero de la luna,
su mano derecha al confín del cielo;
no sabía el sol dónde estaban sus salas,
no sabían las estrellas  dónde tenían su lugar,
no sabía la luna cuál era su poder.
Se reunieron los dioses, todos, en asamblea,
y tomaron consejo los sagrados dioses;
la luna llena y la nueva ellos designaron,
nombraron la mañana, también el mediodía,
la tarde y la noche, para contar los años.

Se encontraron los dioses en los campos de Ídi,
ellos construyeron  grandes templos, y altares,
hicieron las fraguas,  forjaron las joyas,
fraguaron tenazas,  hicieron herramientas.
Jugaban en sus patios, y estaban alegres,
no les faltaba  en absoluto el oro
hasta que vinieron  tres doncellas gigantes,
todas ellas odiosas, desde el Jötunheim.
Se reunieron los dioses, todos, en asamblea,
y tomaron consejo, los sagrados dioses,
quién habría de crear  la estirpe de los gnomos¬
con la sangre de Brimir  y los huesos de Blámi.

Allí estaba Mótsognir,  quien era el mayor
de todos los gnomos,  y el segundo era Durinn;
con figura humana  crearon de la tierra
a muchos enanos,  así dice Durinn.
Nýi y Nidi,  Nordri y Sudri,
Austri y Vestri,  Althjólf, Dvalin,
Bivör, Bavör, Bömbur, Nóri,
Án y Ánar, Ái, Mjödvitnir,
Veig y Gandálf,  Vindálf, Thráin,
Thekk y Thorin, Thrór, Vitr y Litr,
Nár y Nyrád  – y hablo en verdad-
Regin y Rádsvin, – de los enanos.
Fíli, Kíli,    Fundinn, Náli.
Hepti, Víli,    Hanar, Svíor,
Frár, Hornbori, Fraeg y Lóni,
Aurvang, Jari, Eikinskjaldi.

Es hora de enumerar para los hombres
los gnomos del séquito de Dvalin, hasta Lofar,
los que visitaron desde el palacio
la mansión de Aurvangir hasta Jöruvellir.
Allí estaba Draupnir    y Dolgthrasir,
Hár, Haugspori,    Hlévang, Glói,
Skirvir, Virvir,    Skafid, Ái.
Álf e Yngvi,    Eikinskjaldi,
Fjalar y Frostri,    Finn y Ginnar;
se habrán de acrecentar,  mientras perdure el tiempo,
los descendientes  del enano Lofar.

Hasta que al mundo  llegaron tres
de la hueste divina, propicios, potentes,
y en tierra hallaron, carentes de fuerza,
a Ask y a Embla,  aún sin destino.
Vida no tenían,  no poseían juicio,
ni sangre ni voz,  ni color de vida;
vida les dio Odín, juicio les dio Haenir,
sangre les dio Lódur,  y color de vida.
Sé de un fresno que se alza, se llama Yggdrasil,
árbol alto, bañado  de blanca humedad;
de él baja el rocío que cae en los valles;
se alza en la verde    fuente de Urd.

De allí vienen doncellas  de gran sabiduría,
son tres, desde el mar  que mana el árbol;
Urd se llama una,  Verdandi la otra,
– en ramas graban letras –  Skuld es la tercera;
las leyes hacían,  elegían las vidas
de todos los hombres, el futuro predicen.
Recuerda al gran combate,  el primero del mundo,
cuando a Gullveig  traspasaron con lanzas,
y en la mansión de Hár  la quemaron;
tres veces la quemaron,  tres veces renació,
de nuevo, sin cesar, y aún sigue viviendo.

Heid la llamaban  allí dónde iba,
la sabia adivina, hacía conjuros,
hacía magia siempre,  hacía magia en trance,
era siempre el deleite  de las mujeres viles.
Se reunieron los dioses,  todos, en asamblea,
y tomaron consejo  los sagrados dioses;
si debían los Aesir  pagar tributo
o debían los dioses exigir compensación.
Arrojó Odín un venablo a la hueste,
fue el gran combate    primero en el mundo;
roto quedó el muro del fortín de los Aesir,
con sus artes, los Vanir  dominaron el campo.

Se reunieron los dioses, todos, en asamblea,
y tomaron consejo  los sagrados dioses:
¿quién mezcló veneno    en el aire todo,
o la estirpe de trolls prometió la esposa de Odd?
Sólo Thor luchó allí con furor terrible,
nunca reposa    cuando ve estas cosas;
se han roto juramentos, palabras y promesas,
los firmes acuerdos  que entre ellos había.
Sabe que está el cuerno de Heimdall silencioso
bajo el árbol sagrado  habituado a la luz;
ve caer el agua en lodosa cascada
de la prenda de Odín.

¿Sabéis aún más, o qué?
Sentada estaba sola cuando vino el anciano
príncipe de los Aesir  y la miró a los ojos.
¿Qué me preguntáis?  ¿Por qué me tentáis?
Lo sé todo, Odín:  dónde ocultaste tu ojo,
allá en la famosa  fuente de Mímir;
Mímir bebe hidromiel  cada mañana
de la prenda de Valfödr.
¿Sabéis aún más, o qué?
A ella le dio Herfödr  anillos y collares,
Sabia magia y clarividencia,
Veía aquí y allá, todos los mundos.

Ella vio Valkirias  llegadas de lejos,
prestas a cabalgar    al hogar de los dioses;
Skuld blandía el escudo,  y otra era Skögul,
Gunn, Hild, Gondul  y Geirskögul;
  ahora he citado las esposas de Herjan,
prestas a cabalgar,  las Valkirias, en el llano.
Vi a Baldr, dios ensangrentado,
al hijo de Odín,  predicho ya el destino;
se alzaba, crecida,  más alta que los campos,
– delgada y muy bella – la rama de muérdago.

De aquella planta de enjuto aspecto
salió el pérfido dardo, y Hödr lo lanzó;
el hermano de Baldr  nació demasiado pronto,
tenía el hijo de Odín sólo una noche de edad.
Nunca se lavó las manos  ni se peinó la cabeza
hasta ver en la pira al enemigo de Baldr.
Pero Frigg lloró en Fensalir
El dolor del Valhalla
¿Sabéis aún más, o qué?

Con las tripas de Váli  tranzó ligaduras,
eran recias y fuertes.
Le vio yacer atado  bajo el Hveralund;
su aspecto, engañoso,  se parecía a Loki;
allí está Sigyn,  mas poco gozosa
de ver a su esposo
¿Sabéis aún más, o qué?
Fluye de oriente un río  por valles venenosos
con hachas y espadas,   Slíd es su nombre.

Había al norte  en Nidavellir
una sala de oro  de la estirpe de Sindri;
otra se alzaba  allá en Ókolnir,
era del troll  de nombre Brimir.
Una sala vio lejos del sol
en la Náströnd, sus puertas al Norte,
fluía el veneno por sus lumbreras,
hecha la sala con huesos de serpiente.

Vio allí vadear    densas corrientes
a hombres perjuros  y a asesinos
y al que a la esposa  de otro sedujo;
Nídhögg lamía  los cadáveres,
los destroza el lobo.
¿Sabéis aún más, o qué?

Al este, la anciana  estaba, en Járnvid;
y allí alumbró hijos de Fenrir;
de ellos surgirá de todos, uno,
destructor de la luna, en forma de troll.
Bebe la vida de hombres muertos.
Se tiñe el Ásgard  con roja sangre;
negro será el sol  en el verano,
y el clima, espantoso.

¿Sabéis aún más, o qué?
Sobre una loma tocaba el arpa
el guardián de las brujas,  el alegre Eggthér;
cantaba junto a él  en el bosque de aves
un gallo rojo,  Fjalar se llama.
Cantaba a los Aesir    “Cresta de Oro”,
despierta a los hijos    de Herjafödr;
y otro más canta bajo a tierra:
un gallo granate en las salas de Hel.

Garm aúlla  ante Gripahell,
romperá los nudos, y correrá el lobo;
sé muchos conjuros, más allá veo aún
el duro destino  de los dioses triunfantes.
Lucharán los hermanos,  y se habrán de matar,
los primos hermanos  cometen incesto,
terrible es el mundo,  hay gran adulterio;
días de lanzas y espadas,  se raja el escudo,
días de tormenta y lobos,  se hunde el mundo,
no habrá hombre ninguno  que a otro respete.

Retozan los trolls, la muerte se avisa
en el canto del Gjallarhorn:
Heimdall sopla fuerte, el cuerno está alzado,
interroga Odín la testa de Mím.
Tiembla Yggdrasil, mas el fresno está firme,
gime el viejo árbol  al soltarse el troll;
sufren todos en las sendas de Hel,
hasta que lo trague  el pariente de Surt.

 ¿Qué es de los Aesir?    ¿Qué es de los Elfos?
ruge el Jötunheim,   los Aesir se reúnen;
gimen los gnomos  ante las puertas,
los sabios de las simas.
¿Sabéis aún más, o qué?
Garm aúlla ante Gripahell,
romperá los nudos,  y correrá el lobo;
sé muchos conjuros,  más allá veo aún
el duro destino  de los dioses triunfantes.

Hrym llega del este    llevando su escudo,
se encrespa Jörmungard    con furor de troll,
la sierpe azota el mar, el águila gañe,
desgarra los muertos,  se suelta Naglfar.
Llega un barco del este,  vendrán por el mar
las huestes de Muspell, Loki es el piloto;
llegan los trolls  con el lobo,
el hermano de Býleist  marcha el primero.

Surt llega de sur, abrasa las ramas,
fulgura la espada del dios de los muertos:
las montañas chocan,  los monstruos se derrocan,
pisan las vías de Hel,  y el cielo se raja.
Sufre entonces Hlín  otro gran dolor
cuando marcha Odín a luchar con el lobo,
y el radiante asesino  de Beli, con Surt.

Garm aúlla  ante Gripahell,
romperá los nudos,  y correrá el lobo;
sé muchos conjuros, más allá veo aún
el duro destino  de los dioses triunfantes.
Ahora llega el noble hijo de Sigfödr,
Vídar, a luchar  con el carroñero;
hunde en el hijo de Hvedrung  hasta las guardas
la hoja en el corazón,  venga así a su padre.

Ahora llega el famoso hijo de Hlódyn,
va el hijo de Odín  a luchar con la sierpe,
la mata rabioso  el guardián del Midgard;
abandonan los hombres  todos su hogar;
nueve pasos atrás  da el hijo de Fjörgyn
rehuye a la sierpe  sin temer la deshonra.
El sol se oscurece, se hunde la tierra en el mar,
se agitan del cielo las brillantes estrellas;
surge vapor furioso, el fuego se alza,
y llega el calor  hasta el mismo cielo.

Garm aúlla ante Gripahell,
romperá los nudos,  y correrá el lobo;
sé muchos conjuros,  más allá veo aún
el duro destino   de los dioses triunfantes.
Pero ve surgir   por segunda vez
la tierra del mar,  para siempre verde;
caen cascadas,  se remonta el águila
que en las montañas  cazará los peces.

Se encuentran los Aesir  en Ídavellir,
y de la sierpe del mundo  poderosa charlan,
recuerdan allí  los grandes sucesos,
y las runas antiguas   de Fimbultýr.
Allí, después,  maravillosos
escaques de oro  hallarán en la hierba,
los que en días antiguos  tenían las estirpes.

Y sin plantarlos  crecerán los campos,
todo mejora,  Baldr llegará,
habitarán Hödr y Baldr los hogares de Hropt,
el santuario divino.
¿Sabéis aún más, o qué?
Elegirá Haenir  la rama sagrada,
construyen los hijos, los dos hermanos,
un gran mundo aéreo.

¿Sabéis aún más, o qué?
Ve alzarse una sala  más bella que el sol,
tejada con oro,  allá en Gimlé;
los huestes leales  allí habitarán
y para siempre serán felices.
Vendrá entonces el reino en el juicio final,
llegará poderoso,  quien todo lo rige.
Llegará volando  el oscuro dragón,
la sierpe brillante,  desde Nídafjöll;
llevará en sus plumas los muertos Nídhögg.
Allí se hundirá.




Paloma García Díaz

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